Una queimada y una putada

Mouchos coruxas sapos e bruxas;
demos, trasnos e diaños;

De niña esas palabras, junto con las cascadas de fuego que chorreaban del cucharón me dejaban hipnotizada. El aguardiente en llamas, la cadencia de los versos… me transportaban a un tiempo ancestral, de niebla y musgo. No alcanzaba a entender de donde venía ese interés pero lo sentía muy fuerte dentro de mí.

espíritos das neboadas veigas,
Corvos, pintegas e meigas;

La magia se retiró cuando leí que el esconxuro se lo había inventado un tipo allá por los años sesenta del siglo pasado. No tenía cientos de años de tradición, no liberaba de los maleficios ni sacaba los males de alma alguna, como prometía. Siguió divirtiéndome el ritual y el fuego. Y, sobre todo, el efecto del licor ardiente. Quemaba la garganta, quemaba los miedos, quemaba las vergüenzas.

rabo ergueito de gato negro
e todos os feitizos das menciñeiras…

Una noche de finales octubre volvía sola a casa, tras una cena que terminó en queimada. Iba calentita, por las tres tazas que tomé de más y por el cabreo que me había pillado con el gilipollas del que por entonces era mi novio. Tras salir muy digna dando un portazo intentaba volver a mi Trenzadoras palabras – Narrativas y otras lunas – Diciembre 2018 29 casa. Hacía tantas eses, que llegar a donde el pueblo lindaba con el bosque no estaba siendo tarea fácil.

Podres cañotas furadas,
fogar de vermes y alimañas,

Iba concentrada en tenerme en pie y llegar a casa, así que no me di cuenta de que había gente delante hasta que casi los tuve encima. Iban en fila, vestidos de blanco y con velas. «Coño, que me han abducido los extraterrestres y me han dejado en Sevilla en Semana Santa. ¿A qué me trago la procesión del Cristo de los Gitanos sin comerlo ni beberlo? Bueno, beberlo sí. Jijijijiji» Entre tanto pensamiento de gran enjundia, una chispa de lucidez empezó a hacerse llama en mi cabeza…

lume da Santa Compaña,

«¡Ay, la hostia! Joder, joder, joder. ¡Que no es una procesión! ¡Qué es la Compaña! ¡Que no eran cuentos de viejas! ¿Cómo se salía de esta? ¿Me hago la muerta, como una zarigüeya? ¿Corro? Si, venga, corre.» Corrí. Corrí como la alma a la que persigue el diablo que era. Lo que pasa que era un alma borracha como una cuba, así que avancé pocos metros antes de tropezar y darme de bruces contra el suelo.

Mal de ollo, negros meigallos;
cheiro dos mortos, tronos e raios.

Me levanté como pude y a trompicones seguí avanzando. Volví la cabeza y vi como la hilera de ánimas se había duplicado, y seguía inexorable su camino hacia mí. Hice un esfuerzo por ajustar la mirada y la hilera volvió a fundirse en una. No fue una gran mejoría. Me daban el mismo miedo viéndolos dobles que normales.

Oubeo de can, pregón da morte,
fuciño de sátiro e pé de coello.

«¡El crucero!» Entre la bruma de mi mente llegó a mi esa idea «el crucero» y recordé el que había cerca de casa. En un prodigio de orientación etílica (la adrenalina pudo más que el alcohol) conseguí poner rumbo a la antigua cruz. Estaba a punto de llegar a ella cuando volví a tropezar y allí me alcanzaron. La figura al frente de la Compaña se inclinó sobre mí, ansiosa de darme la luz que portaba y con ello «pasarme el muerto».

Pecadora lingua de mala muller
casada cun home vello. […]

Aterrada, hice lo que aún no me explico cómo no había hecho antes. Gritar. Solté un alarido, con la boca abierta como las fauces de un animal. Y, ante el aliento aún más infernal que la propia Compaña que de ahí salió, la figura retrocedió espantada. Seguí gritando y lanzando mi aliento embebido en orujo. A cada bocanada, el fantasmagórico desfile retrocedió más y más, hasta que los perdí de vista. […]

E cando este brevaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento.

Y, amiguitos, así es como recuperé la fe en la magia. Porque la bendita queimada me salvó de vagar noche tras noche dirigiendo la Compaña en busca de algún incauto (y sobrio) al que endilgarle la faena.

Desde entonces siempre soy la encargada de recitar O conxuro en las fiestas. Dicen que no hay quien lo haga con más fervor y regocijo que yo.

Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada; si é verdade que tendes mais poder ca humana xente, eiqui e agora, facede cos espiritos dos amigos que estan fora, participen con nós desta Queimada.

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